20 de mayo de 2026

Autopromoción colectiva / Grupo y convivencia

¿Qué es la autopromoción colectiva de vivienda?

Es decidir cómo quieres vivir, uniéndote a otras personas para hacerlo posible, en lugar de comprar un producto ya hecho.

El mercado te hace elegir entre lo que hay
Cuando sales a buscar casa, el mercado te pone delante un producto acabado. Un piso o una casa que alguien ya ha pensado, diseñado y construido antes de conocerte. Tú eliges entre lo que hay. Y si nada acaba de encajar con tu manera de vivir, o bien lo aceptas de todos modos o bien esperas a que aparezca algo que desencaix una mica menys.
Siempre acabas adaptándote a la oferta. A veces, incluso, renunciando a lo que buscabas de verdad porque una promesa llamativa te ha hecho mirar hacia otro lado.
La autopromoción colectiva da la vuelta a este orden. Parte de lo que necesitáis tú y quien vivirá contigo, y construye la casa alrededor de eso. En vez de ajustarte a la oferta, es el proyecto el que se ajusta a ti. Con GOTIM lo hacemos así desde el primer momento. Dices qué buscas, y cuando aparece una oportunidad que encaja, te lo hacemos saber, sin intentar colarte nada que no quieres.

¿Qué es, en una frase?
Es cuando un grupo de personas os organizáis para promover vuestra propia vivienda. Asumís el papel que normalmente hace una promotora. Accedéis a una finca, definís el proyecto, contratáis a los profesionales y hacéis construir o rehabilitar según lo que necesitáis.
El proyecto es vuestro desde el primer día. No es un producto que os venden hecho.
Para que sea colectiva se necesitan como mínimo dos unidades de convivencia. A partir de ahí, cada proyecto tiene el tamaño que le corresponde, de dos familias a una decena o más.

Tenencia y convivencia no son lo mismo
Vale la pena detenerse aquí, porque es donde más gente se lía.
La autopromoción colectiva no es un tipo de vivienda. Es una forma de construirla. Solo responde a una pregunta: ¿quién la promueve? Y la respuesta eres tú, junto con el resto del grupo.
Todo lo demás lo decidís vosotros, y se resume en dos preguntas que van por separado.

  • ¿Cómo queréis tener la vivienda? Esto es la tenencia. Cada familia puede tener su vivienda en propiedad individual, como en cualquier bloque. Podéis constituir una cooperativa en cesión de uso, donde la propiedad queda siempre en manos de la cooperativa y vosotros tenéis el uso de manera indefinida, una fórmula pensada expresamente para que la vivienda no vuelva nunca al mercado especulativo. O podéis entrar por masovería [cesión de uso a cambio de rehabilitación], obteniendo el uso de la finca a cambio de rehabilitarla, una vía que también mantiene la vivienda fuera de la especulación. Estas son las vías más habituales, y según el caso se pueden explorar otras.
  • ¿Cómo queréis convivir? Esto es otra cosa, y no tiene nada que ver con lo anterior. Vuestras viviendas pueden ser del todo independientes, cada uno en su casa, tanto en un edificio como en un conjunto de casas adosadas. O podéis decantaros por el cohousing, también conocido como covivienda, que no es compartir un par de espacios por azar, sino decidir juntos cómo queréis vivir. Cada familia tiene su casa, y entre todos elegís cuánta vida en común queréis, desde muy poca hasta mucha. Puede ser una sala grande, un taller compartido o el cuidado de los niños y de la gente mayor. Cada grupo se forma a su alrededor. Los hay que nacen de una etapa vital compartida, como familias jóvenes o personas mayores. Otros buscan la mezcla de generaciones para cuidarse entre edades. Y los hay pensados desde una perspectiva de género.

Y aquí radica la clave que deshace el enredo. Estas dos preguntas son independientes. La tenencia marca cómo será la vivienda a largo plazo y qué relación tendrá con el mercado, y por eso vale la pena elegirla bien. Cada modelo tiene su sentido, desde la propiedad privada de cada familia hasta fórmulas pensadas para mantener la vivienda asequible con el tiempo. La convivencia es otro plano, y no depende de la fórmula que elijas. Puedes hacer cohousing teniendo tu piso en propiedad o dentro de una cooperativa de cesión de uso. Y una cooperativa de cesión de uso puede tener mucha vida compartida o casi ninguna. La autopromoción colectiva es el camino. La tenencia y la convivencia son decisiones que tomáis sobre la marcha.

Las ventajas
Lo más evidente es el control. Tú decides dónde, cómo y con quién quieres vivir. La casa se adapta a ti, y no al revés.
Después está el ahorro. En una operación de mercado, la promotora añade su margen de beneficio, que suele ir del quince al veinticinco por ciento del coste. Hagamos un cálculo rápido. Si la operación ronda los 250.000 €, este margen son entre 37.000 y 62.000 € que no pagáis a nadie. Accedéis a la casa a precio de coste. Y pasa por una razón de fondo, aquí nadie pone dinero para sacarle rédito, sino para hacerse su casa.
Y aún hay uno que cuesta de poner en una hoja de cálculo. El vínculo. Llegáis al final habiendo hecho el camino con un grupo de personas que comparten una manera de mirar las cosas. Tanto si acabáis compartiendo espacios como si no, llegáis juntos.
Y no es todo para quien busca casa. Para quien tiene una finca y la quiere mover, también se abre una salida diferente. En vez de vendérsela a una promotora para que saque beneficio, la pone directamente en manos de las personas que vivirán en ella. Y no hace falta que sea una venta. Según el caso se puede pactar una permuta, recibiendo una o más viviendas del proyecto, o una masovería. Una promotora también te puede proponer una permuta, pero quien decide cómo será el proyecto es ella. Aquí lo decidís vosotros.

¿Qué es lo que pide?
La otra cara pesa igual, y vale más decirla clara.
Pide tiempo. Dividir un edificio ya existente con pequeñas reformas se puede resolver en menos de un año. Una obra nueva o una rehabilitación a fondo, en cambio, a menudo supera los dos años, desde que se forma el grupo hasta que entráis a vivir.
Pide implicación. Tomad decisiones que en una promoción convencional toma una empresa. Es necesario informarse, comparar y elegir, con el acompañamiento del equipo técnico que os guía a cada paso.
Y requiere comprensión. Un proyecto como este se lleva a cabo entre varias familias, cada una con su propio ritmo y sus propias necesidades, con el apoyo de los profesionales que os orientan. Llegar a un acuerdo entre vosotros y con quienes os apoyan forma parte del trabajo, y merece la pena hacerlo bien.
A cambio, obtienes la vivienda que deseas, a su precio real, y con libertad para decidir dónde y cómo vivir.

¿Para quién es?
Para aquellos que quieren partir de lo que necesitan y no dejarse llevar por un mercado que lo distorsiona todo. Para aquellos que prefieren decidir por sí mismos en lugar de aceptar lo que les ofrecen. Para aquellos que desean tomar la iniciativa y saben que las cosas que merecen la pena requieren tiempo y compañía. Y también para aquellos que poseen una vivienda y quieren que se viva en ella, y no que sea un objeto de especulación.
Y no se trata ni de un invento nuevo ni de una rareza local. En gran parte de Europa lleva décadas practicándose, con diferentes nombres según el país, desde los «Baugruppen» alemanes hasta el «cohousing», que tiene su origen en Dinamarca. En Cataluña también hay proyectos bien consolidados que han seguido este camino, y cada año son más.

¿Dónde encaja GOTIM en todo esto?
La autoconstrucción colectiva solo funciona cuando se dan tres elementos: personas que desean acceder a una vivienda, un terreno con potencial y los conocimientos técnicos que hacen que el proceso sea viable.
El nombre no es casual. Un gotim es un racimo de uvas que crecen juntas, piezas pequeñas que, unidas, dan fruto. Describe bastante bien lo que hacemos. Somos el equipo técnico que junta estas piezas y acompaña el camino, sea cual sea la tenencia y la convivencia que elijas. No somos promotora ni inmobiliaria. No compramos, no vendemos ni construimos. Hacemos posible que os hagáis vuestra propia casa.
Si te identificas con esto, empieza por el principio. Regístrate y hablemos.